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Crónica urgente del Encuentro Nacional de Mujeres, por Valentina Manfredi (@Valen_Rff)

Cuando llegué no conocía a la mayoría con las que compartí esta aventura, pero como siempre el mate empezó a salvarnos para empezar a compartir estos momentos. Éramos 10 mujeres dispuestas a luchar por algo que nos pertenece: el respeto por el solo y simple hecho de ser mujer, de ser un ser humano.

Porque apenas nacemos el género nos condiciona a miles de cosas que se vienen arrastrando desde el comienzo de la historia. Se supone que nacemos de la costilla de un hombre, cuando las que los parimos somos nosotras. ¿Al final? Una mujer está destinada en esta sociedad a cargar con culpas que son provocadas por la desigualdad, dejarnos de lado o tratarnos de diferente manera es discriminación, yo puedo de igual manera que puedes vos, macho. Tener tetas no me hace más débil.

Primero que nada vengo a aclarar que no tengo ninguna intención de hacer este relato, texto, crónica o como quieran llamarle desde algún punto de vista político, bueno si esto es posible. No milito en ninguna parte, no tengo una ideología política definida aunque la mayoría de las “compañeras” sí lo tengan. Pongo compañeras entre comillas, porque es un nuevo término para mí. Es la muletilla de los movimientos revolucionarios, es el sentirse compenetrada dentro de un grupo ya establecido aunque recién llegues, es eso: compañerismo. Pero mientras tanto solo quiero usar las etiquetas de “mujer” y “luchadora”.

Cuando me plantearon ir al 29º Encuentro Nacional de Mujeres dije “sí, sí, sí de una” sin pensar en todo lo que me iba a encontrar. Desde un principio no quise ni siquiera suponerlo o imaginarlo, pero el shock que provocó estar dentro de esa experiencia va cargar conmigo para siempre.

Un sinfín de mujeres de todo tipo luchaban (y luchan) por un solo objetivo. Olvidándose las preferencias y ayudándose mutuamente. No había egocentrismos, nadie se conocía pero todas éramos una, y todavía me sorprendo de que en un utópico lugar es posible ese tipo de convivencia. En algún lugar del mundo.

Ir gritando por las calles cantitos con la palabra “aborto” no les dejaba una linda impresión a los vecinos salteños. Estoy segura por el gesto que ponían en sus caras mientras pasábamos por sus veredas que no estaban de acuerdo, la manifestación siempre tiene esa desventaja. Estoy muy consciente que la palabra “aborto” es difícil de procesar, aún. Aunque gratamente había vecinos que si aplaudían y agitaban sus manos apoyándonos. Era muy alentador. “En las viñas del Señor hay de todo” suelo escuchar. Pero ese gesto de disgusto no nos importaba porque yo estaba muy segura lo que iba a buscar: yo quiero el aborto legal, seguro y gratuito y primero que nada quiero aclarar que, no porque esté a favor del aborto voy a abortar sin contemplar tener un hijo algún día. Solo quiero que las mujeres dejen de morir por esta realidad no aceptada. Quiero que el Estado se haga cargo de tal realidad, que tome medidas necesarias para protegernos. Que los médicos que lo realizan de modo ilegal, cuando las cosas salen mal, no se laven las manos como si nada, dejando morir a una más. Quiero que cada una decida con su cuerpo hacer lo que se le pegue la gana, no que tengamos que hacer lo que la sociedad espera de nosotras.

Los medios nos destruyeron y como toda futura Comunicadora Social ya lo sabía. Por eso jamás podría ser periodista, me niego a escribir lo que alguien me diga que escriba, escribo y publico lo que quiero, por eso estoy haciendo esto. Ellos tomaron el ejemplo del extremo para publicar. Casi nadie, porque no quiero generalizar, vio el punto principal de todo esto: nosotras y nuestra libertad. Pero eso no fue el encuentro, rayar las paredes y prender fuego al frente de la Catedral no fue el Encuentro Nacional de Mujeres como lo trataron.

El Encuentro fue debate, posturas, ideas para crecer, mujeres sonriendo y apenándose cuando alguien contaba una triste historia de Red de Trata pero aplaudiendo cuando esa chica terminó denunciando a su agresor, fue ponerme la piel chinita cuando Rocío Girat hablaba rodeada de mujeres que la apoyaban y la aplaudían mientras contaba su experiencia contra la exigencia al Estado de hacerse cargo de este tipo de lacras humanas como es un violador. Tengo que aclarar que lo que más me gusto fue saber que el verdadero apoyo comenzó con “Las Rojas” una agrupación de mujeres. Jamás podría perdonar este tipo de crueldades, perdónenme pero el perdón para mí no es para todo el mundo, aunque se arrepienta. Sentir esas palabras tan fuertes y tan llenas de vértigo llegaba a dejar de lado que se le cortara la voz de la conmoción. La aplaudí, la alenté y le canté que tenía todo el aguante porque sé que hay miles de Rocíos en el mundo, y espero que sea un hermoso ejemplo para que castiguemos al macho repartido por todas las sociedades.

Y un ejemplo claro de ese macho fue cuando pasó un auto en plena marcha, mandándonos a lavar platos, y otro que cuando íbamos cortando las calles, parando por unos momentos al tránsito, quiso avanzar igual, sin esperar a que todas pasáramos y menos le importaba si chocaba a alguna compañera. Una de nosotras lo llegó a detener y sin pensarlo dos veces por decirle que era un desubicado sacó un cuchillo de la guantera y la amenazó. Su cara me decía que no iba dudar mucho en clavárselo o no. Pero como vio que cientos de mujeres podían contra él, se subió rápido a la moto y se fue. El momento desagradable pasó pero la ironía de la situación, de contraatacar sin razón a una mujer que salía a las calles para terminar con la violencia hacia las mujeres, no.

Seguro faltan un montón de cosas por redactar y van a contrarrestar con que no vi las cosas malas y los destrozos que hicieron, pero es que claramente yo fui a marchar por mis derechos, no a destruir. No somos solo un grafitti en contra del Papa o el beso de una pareja lesbianas en frente de la Catedral, no somos eso que los medios quieren mostrar. Somos lucha y exigencia de igualdad y respeto. Que nos cataloguen y catapulten a todas por eso es como si yo pensara que todos los hombres por ser hombres, son machos y golpeadores y está en su naturaleza agarrarnos a golpes si se les place. En toda convención masiva hay para todos los gustos, tipos y posturas. La cuestión es respetar y saber que cada uno tiene su lugar y también el derecho de pensar como le parezca.

Yo participé del Encuentro Nacional de Mujeres y orgullosamente digo que voy a llevar el shock en mis ojos para siempre. Soy feminista. Sería una burla que siendo mujer no lo fuera. Revista Cabeza

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