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Por Omar Layús Ruiz

“En América Latina nos decía, las fronteras entre fútbol y política son muy, pero muy débiles. Hay una larga lista de gobiernos que han perdido las elecciones o sufrido un golpe de estado por culpa de que la selección nacional ha perdido un partido de fútbol. Los que pierden son llamados traidores a la patria por los periódicos. Cuando Brasil ganó el mundial en México, mi colega que era exilado político, dijo fuera de sí: “Ahora pueden los militares de derecha gobernar tranquilos por lo menos cinco años más”. En su marcha hacia el título mundial Brasil había vencido a Inglaterra. El periódico de Río de Janeiro Jornal dos Sportes publicó un artículo con el título “Jesucristo defendió a Brasil” aclarando la victoria de la siguiente manera: “Cada vez que hubo un centro en contra de nosotros y un gol parecía inevitable, estiraba Jesús el pié desde las nubes y pateaba la bola hacia fuera.” El artículo venía ilustrado con un dibujo en donde se mostraba el fenómeno sobrenatural”.

Ryszard Kapuscinski. La guerra del fútbol y otros reportajes.

 

Los monoteísmos más importantes del mercado tienen una fe ciega en sus respectivas deidades. Ni se gastan en dudar. Cuando las convicciones incomodan, el pensamiento se vuelve mágico, las razones les dan cuerpo y hasta las mentes más duras necesitan creer. Las dependencias, en mayor o menor medida, se adaptan a las necesidades de la situación que los convoca. Algunas más significantes que otras.

Se supo: la selección argentina, como cualquiera de los monoteísmos más importantes del mercado depende de su Dios: este chico de 26 años que hoy es más importante que Belgrano y San Martín, y más necesario que la cura del HIV. Argentina es dependiente de su número 10. Hoy se terminó de confirmar. El equipo argentino dependió de su toque magistral. Argentina juega mal. No tiene inspiración y hasta incluso luce pedante ante los planteos de los tristes rivales que le tocaron en suerte en este grupo “F” de Francisco.

Todos tuvimos que esperar hasta el último minuto para inflar la garganta. Messi probó bien pegado a la banda derecha durante el primer tiempo. Con el paso de los minutos se fue corriendo hacia la mitad del campo, buscando verticalidad, con poco éxito. No tuvo ayuda aunque la buscó. No encontró un socio. ¿A quién tiene el Mesías? Robben tiene su Van Persie, Mueller tiene a su Özil, Benzemá tiene a Giroud alternando con Valbuena. ¿Nacionalizamos a Iniesta?. Se lo vió volver al extremo derecho cuando faltaban diez para que Argentina sume de a un punto. Algo buscaba, de algo se había dado cuenta, algo intuía. Armó el triángulo con Lavezzi en uno de los vértices y cuando recibió la pelota la estiró un metro y medio delante de él para que el tranco del rival sea inerte y El 10 sacó un latigazo de otra galaxia para sellar la clasificación a octavos. Fueron 5 segundos.

Probablemente, me arriesgo, la tradición de los “10” haya empezado con Kempes en el mundial del 78. Quizá antes, con Pelé en el mundial de México, en 1970. El crack brasilero hizo apenas 4 goles en aquel mundial mientras que El Matador –apodado así por el nefasto José María Muñoz- hizo 6, convirtiéndose en goleador y elegido figura de aquel primer título mundial de nuestra selección. El 10 se convirtió en el ícono y siempre estuvo relacionado con el jugador que trata bien a la pelota, con creatividad, con autoridad. Maradona, Platini, Gullit, Valderrama, Baggio, Zidane, Mathäus, Messi. Algunos incluso capitanes de sus seleccionados, aunque la muletilla del número 10, mejor jugador, capitán, parezca más asociable a equipos de baja estampa que a selecciones de frondoso prontuario.

Después del primer tiempo contra Bosnia, los que miramos fútbol por fuera de los 32 días que dura el mundial, defenestramos a Sabella por parar al equipo con 5 defensores, y pedimos a Gago para abrirle el juego al 10. Nos escucharon. El DT retocó el esquema al viejo y querido 4-3-3 y metió al 5 de Boca, que dijo presente para ayudar a que Messi descargue la pelota sobre Higuaín, correrse cuando el 10 la reciba de nuevo y haga ese gol el gol de costumbre: pase corto, descarga, devolución, diagonal, remate, red. Argentina ganó. Hoy Gago, titular, estuvo ausente, trotó la mitad de la cancha durante todo el partido. Le falto pausa, poder de juego, inspiración. Completamente desconocido y ajeno al juego. No va a volver al banco porque el 10 lo pide, y lo va a tener. Dios te necesita, necesita que vos creas para que todos creamos y sigamos creyendo, hermano.

“Son 90 minutos, pero con Messi en la cancha puede pasar cualquier cosa” dijo Macaya Márquez en vivo, dos minutos antes del gol. “Teniéndolo a Messi todo es posible”, dijo Sabella en el reportaje que lo esperaba recién finalizado el partido, terminando de apoyar la cruz sobre el hombre al que le apuntan todos los lentes, en éste, el mundial de las pantallas. Messi es el motor, la razón y el golpe de K.O. de este equipo. Si tuviéramos 11 como él en la cancha quizá ya no existiría el fútbol. Hay que creer, no nos queda otra. Revista Cabeza.

 

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