Home

Por Esteban Brizuela

Preguntas viejas que todavía siguen vigentes. Preguntas que parecen anacrónicas pero no lo son. Por ejemplo, ¿qué función o misión debe tener la literatura? Esas son las cuestiones que para el novelista Hernán Vanoli cualquiera que se precie de escritor debe formularse. Y por eso responde que “tiene que haber un proyecto cultural detrás de lo que uno escribe”, porque para él, un proyecto estético implica un proyecto ético.

El autor de la novela Pinamar, sociólogo e integrante del staff de la siempre interesante revista Crisis estuvo en Santiago del Estero hace poco más de un mes, cuando se realizó la Feria del Libro 2013. Participó con el crítico Maximiliano Crespi y el cuentista Luciano Lamberti de una mesa-panel sobre nueva literatura argentina.

Revista Cabeza: En la Feria del Libro aquí en Santiago hablabas del estado de la crítica con respecto a esa nueva literatura argentina y hacías notar que existe cierta ausencia de ensayos críticos en relación con la gran producción que hay

Hernán Vanoli: Lo que quise decir es que se está escribiendo mucho y que, por el tono predominante de la crítica, deudora de una institución caduca como la carrera de letras, se hace muy difícil leer críticas que enriquezcan lo que uno va leyendo. Pero sí me interesa la crítica que hace Maximiliano Crespi o Flavio Lo Presti, me parece que eso está bueno. Y también el libro de Terranova…

RC: Los Gauchos Irónicos…

HV: Sí, creo que ahí hay como tres espacios interesantes: Maxi desde su blog (maxicrespi.blogspot.com), Lo Presti que sacó un libro que se llama Recuerdos de Córdoba, y lo que hizo Terranova, que a pesar de que no coincido con varias de sus lecturas –la de Oloixarac, por ejemplo, o la de Katchadjian- me parece que hizo un libro ambicioso e inteligente. Y después me parece que hay una incomunicación generacional muy grande, una serie de malentendidos e incomprensiones. Y un ejemplo claro de eso es el libro de Beatriz Sarlo, Ficciones argentinos. 33 ensayos.  Creo que trata de aplicar las hipótesis que ella venía manejando para leer a una generación de escritores anterior. A pesar de que ella es una crítica aguda -y algunas cosas pueden resultar interesantes-, creo que no pudo construir un aparto de lectura para leer lo nuevo. Eso queda expresado en que mezcla muchas cosas… en ese libro está Marcelo Cohen y está Félix Bruzzone, como que hay una yuxtaposición que es rara y expresa esa imposibilidad.

RC: También tienes el trabajo de Drucaroff…

HV: Sí, Los prisioneros de la torre, yo la verdad lo hojee y no me interpeló. Me pareció leer algo del orden de “estos pobres chicos de la generación post-dictadura”. Yo pienso todo lo contrario, pienso que es una bendición que no estemos tan marcados por la cuestión de la  dictadura. Por supuesto, estamos marcados por el contexto en que uno creció,  pero creo que no es un lastre. Lo de Drucaroff es como presentar los fantasmas propios hacia la nueva generación. Me parece que hablar bien de todo el mundo es un gesto de soberbia, encuentra algo bueno en todo y el rol del crítico no es ese, sino generar hipótesis fuertes de lectura que vinculen el estado de la cultura con lo que se está escribiendo.

RC: Desde tus lecturas, ¿qué literatura  te interesa actualmente?

HV: A mí me interesa qué misión piensa uno que tiene que tener la literatura, cuál es la función de la literatura… parece una pregunta vieja, pero para mí no es tan vieja. Tiene que haber un proyecto cultural detrás de lo que uno escribe, y un proyecto estético es un proyecto ético. Son preguntas que son muy poco ambiciosas las que se registran en algunos rangos de la crítica y está bueno preguntarse esas cosas: preguntarse si la literatura es un hobby, si se toma en serio, me parece que es algo importante y que no nos preguntamos mucho.

Uno de los principales ejes que tiene que sopesar un proyecto literario es qué relación va a plantearse con los medios, con la cultura que se dice en el lenguaje de la hiperconectividad. Creo que es una pregunta que se abandonó: cuál es la relación entre los medios y la literatura. Ese abandono implica aceptar que la literatura, como sistema de prácticas, está dominada. Cuando lo que yo creo es todo lo contrario, y que la literatura tiene que ser el espacio por excelencia para la ideología. Además es un momento este en que vivimos saturados del entorno mediático, que vivimos en la hiperconectividad y a mí me interesan las novelas que tienen algún tipo de reflexión sobre eso. Nicolás Mavrakis lo hace, trabaja la relación con internet, con el trolleo, con el spam y las redes sociales. Hay un par de novelas afuera de Argentina que son interesantes en ese sentido.

RC: ¿Cuáles?

HV: Un ejemplo es Super Sad True Love Story de Gary Shteyngar, que es una historia de amor entre un yankee y una joven coreana. Creo que hay una idea muy lúcida de lo que son los medios y las redes sociales en el futuro. Ellos manejan un dispositivo que se llama aparaty, que es como una especie de iPod potenciado, y hay toda una reflexión del escritor sobre lo que son las redes.

Ahora está The Circle, un tipo que se mete en google… a mí ese tipo de literatura que problematiza la relación con el medio hegemónico que son las redes sociales, me interesa  porque me parece que puede aportar al debate público y al uso que hacemos en la vida cotidiana de internet. Pienso que aporta más que la novela realista, que a mí no me interesa.

pinamarv

RC: “No leí una sola novela que dijera nada interesante sobre lo político en los últimos años”, decías en una charla hace poco tiempo. ¿Por qué crees que sucede eso?

HV: Para mí son varias cosas. Por un lado es que el propio kirchnerismo, o la parte más oficialista vinculada a la cultura, tiene un sistema de referencia y un andamiaje teórico-conceptual muy antiguo para pensar la literatura. Del lado de Horacio de González es una veta que se quedó pegada al ensayismo, toda esta dinámica de la recuperación que hace la Biblioteca Nacional, me parece que está muy bien, y me pone contento ver los libros que la biblioteca recuperó. Pero no hay una prospectiva de eso, yo no veo que haya  una modernización de las armas de la crítica del ensayismo.

Después con los blogs hay una serie de procesos que no están siendo narrados pero que van a terminar siendo narrados. Por ejemplo, lo que pasa con esta incorporación de pibes para laburar en el Estado, ya sea por vía de organizaciones políticas o lo que sea, me parece que hay una nueva subjetividad, que es muy estatal, muy dependiente del estado y eso no está del todo narrada. Así como los indios tienen novelas de call centers, acá debería haber novelas de ministerios. Pero somos muy cagones.

Y después la literatura del estilo de lo que hace Damián Selci, que no me interesa, me parece aburrida, y que se basa en una hipótesis muy infantil y reduccionista, que es una idea de que la lengua del futuro se caldea en los ámbitos de micro-militancia política. Para mí es todo lo contrario, esos ámbitos no pueden innovar políticamente porque están presos de una lengua del pasado. Ese es un tipo de literatura kirchenrista que no me interesa.

RC: Y si pensamos a la cultura política en términos antagónicos, ¿qué hay del lado no kirchnerista?

HV: Bueno, después está la literatura gorila, que es cada vez más lamentable, uno mira un blog como Los trabajos prácticos, que concentraba esa sensibilidad antikirchnerista. Ahora está el libro que sacaron Noriega y Raffo (Progresismo, el octavo pasajero), ya es un poco payasesco, no se los puede tomar en serio. El mercado editorial de libros inventó el género de libros antikirchenristas, y Raffo y Noriega hacen lo mismo desde un lugar  que estéticamente no tiene nada para aportar. Dentro de ese paquete agrupo también a toda la red de clubs de levante de la derecha literaria porteña, regenteados en la forma de talleres por escritores que no escriben.

Es lógico que la literatura política, en un proceso político tan largo,  vaya apareciendo un poco tarde, y por diferentes motivos no se esté narrando lo que está pasando. También me parece que hay una carga con los noventa, todavía no adaptamos nuestra a cabeza a pensar que vamos a vivir en un Estado que va a ser una socialdemocracia con algún intento de redistribución por mucho tiempo. Yo no veo que haya un avance importante de una derecha neoliberal. Me parece que el consenso es otro, sea el próximo presidente  Massa, Scioli o Macri,  básicamente va a ser lo mismo a nivel macroeconómico. Va a ser una basura, pero no va a haber grandes diferencias entre ninguno de los tres. Ellos mismos se encargan de dejarlo en claro cada vez que pueden.

RC: Claro, hay un consenso en cuanto al rol que el Estado debe cumplir…

HV: Tal cual, ni siquiera Macri te dice que hay que retirar el Estado. Ya es otro país… Yo me pongo a pensar y no hay ningún cuento que se haya escrito sobre el caos de tránsito, que parece una estupidez, pero son transformaciones muy fuertes en la vida cotidiana y todavía no están. La verdad que salgo y padezco a diario el terrible tránsito que hay en la ciudad de Buenos Aires y no hay una Autopista del sur. Son cosas que van a ir apareciendo pero la propia dinámica confrontativa de si estás a favor o en contra hizo que no se pudiera generar algo interesante. Pero no se pudo generar algo interesante ni a favor ni en contra, ni tampoco desde una posición más compleja.

RC: Otra de las cosas que señalabas en tu conferencia es que debería haber una mayor vinculación entre literatura y ciencias sociales, algo así como una propuesta de tematizar estos nuevos objetos de estudio de las ciencias sociales por medio de la literatura ¿Podrías ampliar esa idea?

HV: Hay que decir la verdad, las becas CONICET muchas veces son un plan trabajar para la clase media, y entonces hay un doble problema. Hay un problema de la academia, en el registro, en el lenguaje en el que se cuentan esas investigaciones y hay un problema de los escritores por no estar más informados de lo que se está produciendo en la academia. Por ejemplo, la cuestión de lo que pasa en los barrios del conurbano bonaerense, que son los barrios que más se transformaron. La verdad es que ahí hay cientos de procesos interesantes y de nuevos conflictos propios de una nueva dinámica social a los que las ciencias sociales tienen acceso.

Yo recuerdo siempre un libro muy bien escrito de una antropóloga que se llama Julieta Quirós, que es una etnografía sobre qué significa ser piquetero en Florencio Varela. Es un caso virtuoso, excepcional. Uno lee esa investigación, y por otro lado lee esa literatura más etnográfica, que te cuentan el día a día o esa cosa autorreferencial, y es mucho más interesante lo de Quirós, está igual de bien escrito y te cuenta cosas que ese tipo de literatura más plana no lo hace. Pero por otro lado hay un montón de cuestiones que se están investigando que el lenguaje propio de la dinámica burocrática académica no lo pudo hacer más interesante.

Cuando yo cursaba la carrera, a principios del 2000, ser becario del CONICET era como pertenecer a una especie de realeza, ahora corrés una maceta y hay un becario del CONICET atrás. Entonces, yo lo digo habiéndolo sido y habiéndolo padecido, me parece que son procesos y dinámicas de una complejización muy grande de la sociedad argentina y que tampoco uno le puede pedir a la literatura que sea una herramienta de conocimiento como se proponen serlo las ciencias sociales. Pero uno puede pensar que ahí puede haber una relación más compleja. Yo  veo mucha gente escribiendo boludeces y mucha gente burocratizada investigando temas que a veces son más o menos interesantes, y no hay vasos comunicantes. Si uno piensa que el saber es una estética y la estética es una manera de saber, hay que tener un poco más de conexión entre esos dos lugares.

tapa.lasmellizasdelbardo

RC: Maximiliano Crespi decía que “cuando un escritor empieza a pensar en el público, deja de ser escritor”. ¿Qué opinas sobre la relación autor-público?

HV: Esa es la guillotina que nos pone Maximiliano en la cabeza. Yo creo que por un lado tiene razón en el sentido en que, por ejemplo, vos publicás en una editorial grande y hay un montón de cuestiones vinculadas a la lengua que tenés que pulir, te dicen que va a circular en un ámbito latinoamericano y en realidad circula solo en Argentina. Pero me parece que hay que encontrar un equilibro entre no limarla e irse al carajo y no hacer concesiones a la lengua y la cultura dominantes. Hay diferentes maneras de sortear esos problemas. Hay casos en donde se da una conjunción entre cierto reconocimiento y cierta vocación. Un ejemplo que siempre tomo es Carlos Busqued, consiguió escribir una novela que es interesante y no hace las concesiones que uno podría pensar. Ahí hay un buen lugar para pensar -dentro de la diversidad- que hay una especie de equilibrio.

RC: En tu proyecto literario, que ya incluye cuentos y novelas ¿quiénes fueron los autores argentinos que te marcaron el camino?

HV: De literatura argentina a mi me cuesta mucho, pero Manuel Puig seguro, Cortázar también, pero lo tengo que pensar. Hay que pensarlo a Cortázar, a veces uno lo descarta muy fácil. Como que primero hay una fascinación y después cuando lo empezás a estudiar todo el mundo dice “no, Cortázar no”. Yo leí una lectura muy piola que hizo un escritor español, Eloy Fernández Porta, en un libro que se llama Homo sampler en donde lo da vuelta a Cortázar. Lo mismo la lectura de Sebastián Hernaiz sobre Casa tomada es una perlita. Fogwill a mí me gusta mucho pero tampoco es que me gusta todo Fogwill. Con relación a Aira y Piglia ocupando el lugar de los grandes escritores argentinos, creo que Fogwill es más interesante, hay ahí una tradición más heterónoma.

RC: Y ya que estás hablando de esa literatura canónica de Piglia-Aira, ¿qué relación tienes con Juan José Saer?  

HV: A mí me pasa con Saer lo que me debería pasar con Cortázar, fue una lectura de bastante chico. Y si uno mira al escritor por las herencias, me parece que todos los émulos de Saer no creo que le hagan justicia, porque el proyecto de Saer es un proyecto de otra época: esa objetivación, esas comas, esa cadencia, novelas todas iguales, esas cosas a mí no me interesan. Alan Pauls es muy saeriano, creo que tiene una debilidad por la forma que tenía Saer. Después de Alan hubo un retroceso, hay saerianaos con muy poca mediación.

RC: Tu obra ha tenido recepción crítica. Beatriz Sarlo, por ejemplo, escribió sobre tu novela Pinamar. ¿Cómo te llevas con las lecturas que se hacen de tus libros? 

HV: Les presto bastante atención…uno es un narcisista, la vida es un autogoogleo permanente. A mí me han hecho mierda y he aprendido algo porque me han dejado pensado, así como me han tratado bien y me han dejado pensando. Yo soy bastante calentón pero  me parece que no hay que agarrársela con la crítica sino tratar de aprender. Cuando hay reseñas comprometidas, siempre se agradece. En el caso particular de Sarlo, la verdad no sé si tengo mucho para decir. Me castigó bastante, no estoy para nada de acuerdo con la lectura que hizo, pero me aportó. Me parece que está bien, se agradece esa generosidad que se haya dedicado a leer a gente más joven. Quizás lo podría haber hecho con un poco más de visión, pero esa será una tarea de otra gente. • Revista Cabeza

Anuncios

Un pensamiento en “Entrevista a Hernán Vanoli: “Tiene que haber un proyecto cultural detrás de lo que uno escribe”

  1. Pingback: El Desarrollo Social según San Berni | Ni a Palos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s