Home

por Lup Ahead (@LuTuits) / Fotos de Noelia Achával.

Y los ganadores son.

Los recitales de rock, como cualquier otro actividad o evento cultural que se organice en esta dilatada provincia pecan de algunas reiteraciones que algunos naturalizaron como parte del negocio. Los tres primeros puestos de ese despreciable top ten se los llevan:

  • Incumplir rigurosamente el horario convenido. Si el flyer dice Sábado 22 horas, el recital comenzará, por lo menos, el Domingo a las 3 de la mañana. Esas cinco horas se podrían amenizar con cerveza y amigos pero:
  • Existe la terrible costumbre de servir la cerveza antes de venderla. Una vez servida, en un vaso de plástico descartable, la bebida pierde temperatura y gas. La operación sería lógica si el barman de turno tuviera que lidiar con 300 parroquianos sedientos y armados, pero por lo general el público no asciende a más de 20 o 30 personas porque, entre otras cosas:
  • Gran parte de la música rock de este siglo tiene letras, y las letras han sido concebidas, en casi todos los casos, como parte integral de esa unidad que llamamos canción. Salvo en Santiago del Estero, donde todos los sonidistas muestran un indeclinable desprecio por el canal de la voz, que siempre se encuentra subordinada en el paisaje sonoro al resto de los instrumentos, y en muchos casos, al del sonido del ambiente del local. Las letras, entonces, terminan sonando un poco más bajo que los flashes, de por sí silenciosos, de las cámaras de los teléfonos celulares, mientras amontonan fotos para facebook.

Gira de Oro

Gráfico1Santiago Motorizado, frontman de El Mató.

El mató a un policía motorizado es una banda platense formada en el 2003. Amontonan tres álbumes y dos extended plays, y cientos de shows en vivo. El sábado 12 de octubre, recién llegados de Tucumán, tocaron en uno de los complejos de la autopista Juan Domingo Perón, cumpliendo con la zona noa de la gira de presentación de su último disco, una belleza titulada La Dinastía Escorpio. El calentamiento estuvo a cargo de los locales Yamil Val Espacio y los Aviones de Papel.

Los memoriosos recordarán que en junio de este año, y en circunstancias todavía poco claras, durante el show de Massacre, en el mismo local, un bajista santiagueño, que formó parte del público de la fecha, terminó muy golpeado (algunos sostienen que por patovicas de la organización: versiones colocan el incidente a veces fuera del recital, a veces dentro, que porque se apoyó en un auto, que porque estaba ebrio, que porque insultó, o porque fue insultado) A pesar de los dispares relatos, las patadas y las piñas fueron reales y el pibe se comió dos semanas de tajos y moretones. Mella para el currículum del local que, sumado a la amenaza de lluvia, y el exagerado precio de una entrada en puerta ($70, difícil para el rocker promedio y la groupie ocasional) dio como resultado una parca cantidad de público, que descontando a los amigos de las bandas, y a por lo menos una docena de chicos con cartelitos de “staff”, no sumaban más de 30 personas. Un poco después de la una, los Yamil Val Espacio subieron al escenario.

Al espacio y de regreso

Visualmente, los YVE se distinguen por una formación larga, que encuentra en sus puntas a los motores de Elver Funk. A la izquierda está Helman, tocando limpio y a veces un poco distorsionado, una guitarra que extraña el wah con el que la castiga en Elver Funk. En la punta derecha, Sandoval, uno de los pocos multiinstrumentistas de la escena local maneja virtuoso el arco sobre su arsenal de cuerdas con la precisión necesaria y sin la catarata de notas a las que nos tiene acostumbrados en sus facetas más salvajes. Tiberti, de a ratos en el violín y de a ratos en un teclado se para delante de Abutt, baterista que comparten con Aviones de Papel. En la voz, Jorge Bravo se desentiende de su pasado metalero y canta en clave pop, letras frescas de paisaje juvenil, con trampas surrealistas, para la Alicia desprevenida que se anime a seguir al conejo. La banda transita paisajes folclóricos, en síncopas que en algunas de las canciones sugieren jazz y en otras algún coqueteo celta. En su mejor momento suenan al lado menos popular de las The Corrs. Yamil es un turco empujado al espacio vestido de irlandés. La banda promete (un poco más de lo que cumple) y peleandolé a la humedad de la carpa, logran el aprobado de los chicos que empiezan a acercarse al escenario.

Libérame de la acústica

Escucho a los Aviones de Papel desde que eran Amusia. Conozco la banda en sus varias versiones y cada vez que puedo me acerco a ver qué están haciendo. Hace rato que vienen tocando su Libérame de mis actos, y mi curiosidad siempre se encuentra con algún detalle que reaviva esta comunión. Su primer secreto: la fórmula es sencilla, dos guitarras, batería y bajo. Y las canciones son también son sencillas. Los AdP recuperan para nuestro indie la pieza clave de las buenas canciones: la melodía. Todo sucede alrededor de la construcción melódica, los contrapuntos de las guitarras, el empuje de una batería felizmente epiléptica y el dulce grito de Gómez, tocando sin su telecaster esta vez. Aunque significó doble trabajo para el siempre prolijo Galván, que le dió los vuelos más surreales al recital, el cambio por la acústica bañó de proximidad a las canciones, Gómez las guitarrea sin abusar, como si estuviera cantando sentado en su cama, a pesar de verse cada vez más sólido como frontman. Segundo secreto: la pose, la colección estudiada de memoria de los clichés del frontman se combina con la honestidad de chico pícaro, que faltó a la escuela para juntarse en tu casa a sacar temas de Los Beatles.

Gráfico2Rodrigo Quiroga, bajista de Aviones de Papel

Las notas cortadas del bajo en la preciosa “El viento”, son su tercer secreto. Sacha, apodo que acarrea Rodrigo Quiroga desde su juventud (donde formó parte del mítico Gallo Negro) hace una cosa rarísima: toca incluso cuando no toca. Ese truco es de los más difíciles que hay, como andar sin rueditas en la bici recién comprada, o tirarse para atrás sin colchón. Presencia y ausencia, que levanta la banda y también la deja caer, para volver a tirarla más lejos, y volverla a agarrar. Los Aviones juegan y te dejan jugar con ellos. Entre la escena bulímica del rock local, plagada de inexplicables divismos, de aburridas autocitas y de músicas que cuando no detienen, retrasan, escuchar los AdP es tan lindo como ese recreo donde la chica que te gusta le dijo a su amiga que gusta también de vos y te mandó una notita con un corazón.

Todo lo que ves

Estaba distraído cuando sonaron los primeros acordes de “El magnetismo”. Me apuré en acercarme al escenario y en el camino me topé con Noelia y su cámara. Le pedí unas fotos y arrastré conmigo a los amigos, y nos quedamos bien bien cerca y casi enfrente de la banda.

¿Qué tiene El Mató? Tiene grandes dosis de ternura, la nostalgia de la casa, del lugar seguro, predecible, después de cientos de rutas durmiendo en combis, cantando cinco días por semana. Si las novelas terminan, como decía un amigo, en matrimonio o en muerte, Santiago Motorizado, bajista y vocalista de El Mató, te cuenta lo que hay detrás de las promesas del rock, el dolor de espalda de viajar, el dinero que no alcanza, los afectos que quedaron esperándote, incluso lo que pasa cuando la música te esquiva: ya no quiero viajar y viajar, esta noche quiero que duermas conmigo.

Santiago te cuenta lo que viene después, del matrimonio, o de la muerte, pero no lo hace desde la queja. Sacrifica con modestia su propio dolor y como un cristopost te dice, tranquilizador, que: nena, ayer fueron muy duros tus reproches, no importa más o menos todo sigue igual.

Mare se acerca justo en el estribillo de “Mujeres bellas y fuertes”. El steam cuadrado de ese punk de alta costura nos mueve las rodillas, y las guitarras se desarman inundando el local. Me pregunta de qué se trata la letra. De todos nosotros, le contesto, para evitar los detalles sombríos de esa postal terrible, una película contada en tres versos. Un haiku mortal. La garganta empieza a abandonarlo en la mitad de “Joni B”, pero la banda hace lo suyo y aguantan las melodías a fuerza de Big Muffs. Un poco mas de una hora a puro amor. Casi al final, Sacha se me acerca y me dice: “-pura música, no?”, “-Pura música” -le contesto-, y todos estamos casi a punto de llorar. La banda se va.

Coral de despedida

Contagiados y felices nos emborrachamos rápido. El pasadiscos del lugar se copó y se olvidó del reggae y nos hizo bailar a fuerza de Depeche Mode. Entre las voces y el aturdimiento, que incluyó dos propuestas de sexo (una para un trío, y otra con un chico que bailaba como en su cumpleaños de quince) varias reflexiones sobre el impacto de la altura del techo en un recital y muy serias discusiones sobre el estado de salud de la presidenta, en la parte más densa del dance posterior, José R. iluminó diciendo sabes qué, tengo casi cuarenta años y sigo viniendo fielmente a esta pelotudez del rock, fijate, mirá a la vuelta, que nosotros estemos aquí significa sobre todo que hay una ausencia. Lo peor es que dentro de diez años, vamos a seguir viniendo, y dos o tres boludos nos van a confundir con la policía. Aquí hay gente que tendría que estar, ¿para que les estamos pagando notebooks?

Del otro lado de la pared de Cayococo, una adolescente pierde su virginidad al ritmo de Agapornis, mucho tiempo pasará antes de que se de cuenta de que el sexo es otra cosa y que la música también, o terminará felizmente drogada en la carpa vip de un festival de folclore, esperando que amanezca para irse con un folkly apologista de ojotas. • Revista Cabeza

Anuncios

8 pensamientos en “Más o menos bien (crónica de un recital)

  1. “no sumaban las 30 personas” ustedes esperan un Glastonbury en santiago del estero? idiotas. Me tomé el tiempo de leer su blog por aviones de papel, pero como veo desde el principio mucha mala leche con su critica.

  2. Creo que la critica esta un poco chota y mas sabiendo de quien viene… El rock y el pop en santiago nació devaluado… Y estas cosas solo aleja a los curiosos… Es mas no me suena a una critica, me suena mas a una charla de harrys fumando un faso y comiendo mandarinas calientes a las 3 de la tarde en alguna vereda bandeña…

  3. Excelente postal de la escena rockera actual. Tendrá su saña, pero difícilmente entretenga o sea honesto el relato sobre lo que sucede aquí sin ese ingrediente. Los horarios, la cerveza caliente, lo que hay en el otro lado del templo, los divismos, lo de Saúlo, el reggae del musicalizador y sobre todo Gómez son asuntos que alguien tenía que empezar a atender con un texto. Muy bueno.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s