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Por Gaby Yauza

Hay cosas que a simple vista parecen ser consecuencia de otras. Me gustaba pensar que muchos detalles de mi vida habían sido minuciosamente elegidos. No existe tal cosa, pero igual la idea es tentadora. Trabajo con niños, hacemos juntos las tareas de la escuela. Sin embargo, mis mayores ingresos provienen de otro tipo de servicios que aprendí a dar. Vivo en Tucumán.

Ese fin de semana, estaba de visita en Santiago. La verdad que suele ser aburrido, así que decidí salir. No tenía a quién llamar, me fui nomas. Creo que en las ciudades chicas, no se acostumbra a ver gente cenando sola. Menos aún, una mujer que pide cerveza. Seguramente eso le llamó la atención. El bar estaba lleno, tocaba una banda de Jazz. Lo vi sentado en una mesa, casi al frente, con un grupo de gente. Para dedicarte a lo mío, tienes que ser muy observadora. Cenar sola es imán de pelotudos, le puse a una amiga por WhatsApp. Estaba lejos de mi terreno, pero no podía con el genio, quise trabajar un poco. No tenía que hacer mucho, sólo quedarme, y esperar. Cuando se levantó, pasó cerca y me dijo- ¡Buen provecho! ¡Muchas Gracias! – respondí, satisfecha. Se siente malvadamente bien, confirmar que lo percibido, se corresponde con lo sucedido. Después, las cosas se dieron como se supone que tienen que darse. Preguntó si estaba sola, invitó un par de cervezas, la banda dejó de tocar y hablamos un poco. Pensé que seguía su departamento, pero me pidió que lo acompañe a otro lugar. Había no se qué evento, y tenía que pasar. Me sorprendió un poco la propuesta. Cruzamos la ciudad, él manejaba, y yo que hace rato había decidido intimar con este extraño, me dediqué a incomodarlo. Adoro los gestos del cuerpo impaciente y algo excitado. Cuando llegamos, había una banda en el escenario. Teníamos cierta urgencia que podíamos resolver a medias en el baño. Allí fuimos. -¿Qué tantas ganas tienes? -Muchas. -¿Y cuánto pagarías por sacártelas? -Lo que sea. -Más te vale, dije, porque esta noche tiene precio.

Pensó que era chiste, y sonrió. Suelo insistir, y aclarar que hablo en serio, pero lo dejé pasar. Estaba convencida de que sólo era el principio de un buen servicio. Contra la pared. Le di un par de buenas imágenes, para inspirar futuras soledades. A los hombres les gusta sentir que controlan la situación, de hecho, casi diría que es cierto, de no ser por la premeditación. El deseo puede ser, pura generosidad.

Quedé en el baño, para maquillar un poco la desprolijidad del encuentro. Un aprendizaje importante en mi trabajo es el arte de la mentira o el disimulo.

Escuché los aplausos, terminó de tocar la banda. La música volvió. Quería mirarlo de lejos, como quién mide la presa. Encontré un rincón oscuro para esperar. David Bowie decía, Strangers when we meet, yo sólo podía pensar en los vaivenes de la noche, y lo que seguía. Sonaban canciones que parecían empeñadas en mostrar la situación. En cambio, yo sólo me resistía a la idea de tamaña equivocación. Obviamente, la percepción de que todo esto es consecuencia de todo aquello, es un engaño. Nada mejor que un Gin Tonic, para combatir decepciones. Mi extraño desapareció.

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