Home

Por Omar Layús Ruiz (@NOLachus)

Nunca leí a Borges. Nunca vi El Padrino. No me gustan los Redondos. Decilo. Cagate la semana. Estar por fuera de las liturgias en un territorio como el nuestro: hostil al desaire hacia los semidioses, condena, señala, persigue. ¿Hay gente que perfuma sus CDs? Sí. Yo tenía 12 años cuando salió “Luzbelito”. El novio de una vecina -flaco como un gato, con el pelo hasta los omóplatos y apariencia de recién duchado, pero no, que apenas había conseguido imprimirse un “Los redond…” por encima del ombligo, y no pudo seguir soportando la máquina de tatuar casera, lo trajo al barrio, perfumado. Fue la única vez que los escuché.

A la nación de nuestro rock se le corresponde un muestrario cada vez más denso de lugares, mártires, y por sobre todas las cosas, deidades. Son humanos ascendidos a una condición inalcanzable, un peldaño consagratorio que los mostrará en las remeras, en los pins de las mochilas, en las pintadas de cualquier esquina mugrienta. Serán el objeto de deseo de las cervezas del barrio, el cadáver exquisito de los bares de pizza a 30 mangos, de las siestas de pucho en edad acneica. Ya sea por sus aportes estéticos, contraculturales o revolucionarios, no hacen falta estampitas cuando la portada de eso que antes era el suplemento joven del diario alcanza para ultimar el altar de la habitación. Media docena de semidioses que concentran a su alrededor miles y miles de fieles, incondicionales, infinitos.

Imagen

En algún momento escribí que el (los) héroe(s) es (son) admirado(s) por los demás miembros del campo rockero tanto por su capacidad artística, sus aportes estéticos hacia el género musical, actitud transgresora, etcétera. En la instancia de la construcción del héroe emergen términos como “mártir”, “patrono”, “pionero”, entre algunos otros. Algo de eso todavía sigue siendo cierto.

En la actualidad, con Spinetta volando por los aires, Charly García atrapado dentro de un disfraz 30 kilos más pesado que su vencida humanidad y Cerati respirando gracias a la adicción del hombre a la tecnología, en Indio Solari concentra desde el periodismo todo el racimo de frases hechas que lo enlazan de alguna forma con San Expedito, quedando por encima de las demás omnipotencias del rock vernáculo. El único héroe de su propio lío le saca varias cuadras a Luca Prodan y Miguel Abuelo a la hora que las yemas de los dedos especializados estallan contra las teclas para imprimir mares de convocatorias religiosas. Antes, durante y después de sus shows, ese nimbo al que Benjamin bautizó como la manifestación irrepetible de la lejanía sulfura y parece condenado a no extinguirse jamás. Es menester, además, subrayar en algún momento de la nota, el buen humor del sumo pontífice de la patria ricotera, como señal de que hasta en momentos de extrema religiosidad el equilibrio puede ser muy frágil.

Imagen

Los Redonditos de Ricota siempre fueron una banda de hermano mayor, algo que se hereda. Sobre todo si tu hermano mayor que te lleva por lo menos 8 años tuvo 20 cuando “Mi perro dinamita” sonaba diez veces por día en cualquier FM. Los riffs silbados y las interpretaciones de las letras por más rupestres que fueran también se heredan. Eso servirá para iniciar a los pibes nuevos, que los conocieron ya separados y sin embargo decidieron llenar su cabeza con hits de 10 años de edad antes que con lo que sonara en ese momento en cualquier parlante.

Multiage, multitasker, multipalo. Fabuloso aportador de beatos, desde Enrique Symns y la legendaria Negra Poly hasta el Puticlub y las andanzas merqueras del Negro Cañón. Creador de un hermetismo salvaje que le sirvió más para acercarle a las masas que para alejarlas, cuando está sobre el tablado, el own private Idaho del Indio pereciera quedar arriba del escenario más que en su casaquinta de Parque Leloir. Los 100 mil o 100 mil millones de fieles y devotos que llevados en colectivos de tercera categoría, a dedo o de onda en alguna cabina de camioneta lo rodean mientras, se sacude a pesar de las inclemencias del tiempo, y parecen no atemorizarle, sino todo lo contrario. No conozco la sensación, nunca la voy a conocer.

Imagen

El Indio metió 120.000 pibes en un autódromo de Mendoza en un despliegue de producción artesanal jamás visto. Mucho se sabe de lo que los incondicionales del ícono redondo son capaces de hacer para encontrarse una vez más con su galaxia y sus canciones. Si bien el número ascendió a un poco menos de la mitad de los que el líder de Pink Floyd albergó en la cancha de River durante sus nueve shows de marzo de 2012, a escala nacional su último recital fue el show de mayor convocatoria registrada en cuanto a corte de entrada, superado solamente por las (dicen) más de 350.000 almas que Charly García reunió en la Avenida 9 de julio el 27 de febrero de 2009 y que devino en la grabación de “Demasiado ego” récord que, entre otros altos momentos, tuvo a la inolvidable María Gabriela Epumer. No se puede aseverar un número concreto, ya que el show de Charly fue gratuito y no hubo registro de concurrentes.

El catecismo discursivo, perpetrado sobre este hábil bolchevique madrugador de intermediarios, que a la larga terminará levantándola en pala –al igual que Waters y Agapornis, todo bien- es una sensación tan convocante como inexplicable. Como sabemos, la nación rockera está -sobre todo- edificada por sensaciones que exceden el gusto por los ritmos y las letras. Hay algo ahí, ajeno, que no tiene tanto que ver con el universo de las canciones, sino con qué hacemos con ellas. Una sensación que no se me termina de corporizar, o que no lo hará por menos hasta que ecuaciones del tipo: “Que se muera Cerati. Cheto. Puto. ACV. Planta. / Aguante el Indio. Insoportablemente vivo. CCTV. Amurallado” no se terminen de evaporar. • Revista Cabeza

Anuncios

3 pensamientos en “A brillar, mi amor.

  1. Muy buena nota Layus. Los dioses son de barro o de palo. Aunque estén alto. Se dibuja o invita con tu planteo una pregunta por el fenómeno indio co más allá de lo musical. Q hay ahí q se mueve todo ello? Un debatm sería maravilloso mar allá de sus especificaciones. El tribuneo contra otro músico haciendo hinchadas sólo co humor vendría bien.

  2. Como dice tu nota al principio: NO TE GUSTAN LOS REDONDOS. partiendo de ahí es difícil que entiendas el sentimiento de toda la gente que fue a ver el Indio.
    Yo si estuve ahí y no hay mucho que los que no fueron a ver nunca un recital de este señor puedan debatir u opinar.
    No creo que la gente lo vea como un Dios, eso lo dicen algunos que ignoran. Es solo la satisfacción de vibrar con gente que le gusta lo mismo que a vos, que se emociona porque todavía puede escuchar su canción favorita en vivo, saltando, gritando y vibrando con el rock de un tipo con tantos años de trayectoria en el rock nacional.
    Podrán debatir si es un fenómeno o si no lo es, pero nunca sabrán lo que es realmente estar ahí, llegar ahí, compartir con la gente ahí.
    Es mejor llenar una nota de experiencias que de palabras. Ojala hubieras ido y así sabrías que no hubo ni un cantito contra ceratti. Abrazos

  3. Sos un anti… y erigis nada desde lo anti, es un gesto snob. También me molesta el aura divina que traza el mercado en los artistas de llegada masiva, pero me hubiera gustado que argumentaras algo en favor de la interferencia que produce esto sobre lo otro, el mercado sobre el arte, la frivolidad sobre la poesía. Es el rol del ateo militante combatir la ideología, lo tuyo es pose… de francotirador que busca minitas. No olvidaste de posar, como sentenciaba Luca. .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s