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Por Omar Layús Ruiz (@NOLachus) 

“Si usted no va a jugar a River lo cago a trompadas, lo peleo. Usted no tiene ni la más mínima idea de lo que significa jugar en River Plate; así que no dude, y arregle”. Labruna a Ubaldo Fillol.

Ayer por la tarde -en otra edición del superclásico del fútbol argentino, que finalizó en empate- gran porcentaje de los hinchas de River terminó de demostrar la ausencia de uno de los elementos más vitales de la cadena de ADN riverplatente: el Labrunismo.

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Ángel Amadeo Labruna es, sin ningún tipo de dudas, el máximo ídolo de la historia de River. Las estadísticas  dicen que jugó 533 partidos y convirtió 293 goles en sus 20 años en primera división, ganó 16 torneos como jugador, 6 como director técnico y fue 2 veces goleador. Además de ser el máximo goleador de la historia del club es el máximo goleador de la historia de los superclásicos, con 16 tantos. Preso de una destreza inigualable, El Feo fue parte -junto a Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera y Félix Loustau- de la histórica delantera conocida como La Máquina, campeona en 1941, 1942 y 1945. Formación que hasta mi abuela sabía recitar de memoria. Pero más allá de los números, en acontecimientos como el duelo contra los archirrivales de toda la vida, Labruna es recordado más por su anecdotario anti-Boca que por su habilidad con la pelota.

Algunas más conocidas que otras, todas muestran a Labruna como un tipo obsesionado con ganarle a Boca, más que con ser –por ejemplo- director técnico de la selección. El tristemente célebre J.J. López recuerda que, dirigiendo a Talleres de Córdoba con 8 ex jugadores de River en su plantel durante un partido contra Boca, Labruna les pidió “salir a pisar” a los rivales. El partido finalizó 4-0 para los cordobeses con Labruna gritando “¡Gooool de River!” en cada uno de los tantos. También Roberto Perfumo recuerda a Angelito luego de haberle pedido no jugar por estar lesionado: “Usted juegua igual, aunque sea un rato, los peores momentos en un partido en la Boca son los primeros. Todavía no se da cuenta que su presencia impone respeto”, le dijo. Hasta que en un momento la pierna del Mariscal dijo basta y tuvo que salir. “Bueno, que se le va a hacer” –comentó Labruna- que ya finalizado el partido con triunfo para River le recordó: “Piense que por ese desgarro ganamos, cuando los bosteros lo vieron a usted en la cancha se cagaron todos”. Así funcionaba Labruna.

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De todo esto se olvidó gran porcentaje de hinchas de River ayer a la hora de condenar el gesto de Ramón Díaz cuando le hizo la seña de “Yo no soy de la B” a la hinchada de Boca mientras pasaba por frente de la popular local. Gran parte de esta gente agachó la cabeza y se hizo cargo de un concepto lamentable como inexacto: River no es de la B. Tampoco lo es San Lorenzo, que descendió en 1982 ni Racing, que jugó en la segunda división entre 1983 y 1985. Tampoco lo serían Boca si alguna vez le toca en suerte, o Independiente que tiene un pié en la divisional de segunda. Por algo estos clubes, para el folclore, siempre fueron y seguirán siendo “Los Grandes”. Por sus logros, virtudes y cantidad de hinchas más que por sus descensos y miserias. Una cosa es “ser de la B”, como Quilmes, Arsenal, San Martín de San Juan, All Boys y una larga lista de clubes que hoy militan en Primera que son de la B; y otra cosa es “estar en la B”, cosa que le pasó a varios de los cinco por antonomasia. Ni siquiera Estudiantes de La Plata, Huracán de Parque Patricios ni Newell’s son de la B, como haber vivido un año en Alemania tampoco tehace alemán, o haber hecho una pasantía de 3 meses en un diario te hace periodista.

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El folclore del fútbol, o lo poco que queda del agonizante folclore del fútbol, se vio arrastrarse ayer en la Bombonera hasta que la corrección política de los propios pudo más que eso que en River se llamaría Labrunismo. El folclore futbolero es 98% chicana en cualquiera de sus formas discursivas y el 2% restante pura picardía. Lo intentó la hinchada de Boca ayer interrumpiendo coreográficamente el partido al hacer estallar candelas y bengalas de humo con los colores de su patria además de una bandera alegórica al descenso de River; así como lo hizo la popular millonaria hace unos meses cuando –á lo Pink Floyd- hizo flotar un chancho inflable por los aires, cariñosamente bautizado “Riquelme”. Hasta ahí el folclore, sin a propósito olvidar a los hinchas ayer locales colgados del alambrado vestidos de fantasmas con la B clavada en el pecho y su error de concepto: el descenso, para River, no es un fantasma, ya no lo es porque los números así lo demuestran. El descenso para River fue una realidad, a la que el cuerpo de Ángel Labruna no hubiera sobrevivido, pero sí puede y podrá resistir el Labrunismo.

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Ayer Ramón Díaz fue el abanderado del Labrunismo, como lo hizo toda su vida. Ramón, como Ricardo Darín, te cocina la entrevista a fuego lento, te la deja picando cuando tiene ganas, y te dice “equipo chico” si también se le da en gana. Nada más folclórico que Ramón Díaz contestándole a La 12, como Tévez cacareando con furia después del gol (a los 89 minutos) que obligó a River a empatar sobre la hora (Nasutti a los 90) e ir a los penales en aquella semifinal de Copa Libertadores de 2004; o más fresco aun, Almeyda besándose la camiseta frente a la hinchada de Boca mientras se iba expulsado, rodeado de policías y escudos, prometiendo que volvería a hacerlo aunque lo metieran preso.

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“El día que estés obsesionado con ganarle a Boca, recién ahí vas a poder lucir con orgullo la camiseta de River” le dijo Labruna a un jovencísimo Delem. Oración que traída a estos días condensa lo poco que le queda al folclore futbolero -con las banderas, las puteadas y las chicanas a flor de piel-  y lo mucho que le sobra de comisario de seccional al hincha de fútbol, pidiendo suspensión de cancha y demás milicadas poco felices. Ramón es al folclore riverplatense lo que Maradona al boquense. Ni siquiera Bianchi -asumido hincha de River, con esa corbata de comisario de a bordo impresentable que lució ayer- es un intento válido del arte de chicanear. Poco tienen que ver los ajenos –hinchas de Boca en este caso- y más los propios- de River-, que se hacen cargo, reprobando al DT que más felices los hizo, de una mancha que quedará ahí para siempre y que será un cuadro que yo, para no olvidarme jamás, prefiero no descolgar. • Revista Cabeza

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Un pensamiento en “Yo No

  1. Emocionante comentario Omar!
    Leyéndolo sentí q el labrunismo es la síntesis del amor a la camiseta de River y por ello una defensa de ese amor y por ello la necesidad de sacar el glande ante la acusacion de “B”.
    Pero tu defensa esgrimiendo la distinción conceptual ser/estar es suficiente y para tener a mano en la próxima disputa parlotera.
    Ramón emociona con ese labrunismo. Hay gente de la B, y hay GENTE QUE NO, 😛
    Abrazo

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