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Por Gavy Yauzá

Recuerda que es tu última noche junto a él. No lo sabrá porque así debe ser.

Limpiarás la casa alegremente como cuando solías esperarlo buscando perfección. La música será tu aliada. Lastimarás tus manos, se quejará tu espalda, pero tú no lo harás.

Sentirás el agua fría contraer tus músculos. Limpiarás tu cuerpo para él. Luego elegirás un vestido, no debe ser especial, no tu vestido.

Cuidadosamente ordenarás los platos. Cuidarás la comida. Estará sabrosa como siempre.

Cruzará la puerta. Te dará un beso. No verá el brillo en tus ojos, no lo sabrá. Hablarán de trabajo mientras comen. Se quejarán de la humedad y de los mosquitos y del calor.

Tú dirás que lo amas. Él sólo escuchará.

Recordarás aquel primer baile. Los cuerpos estrujados, la respiración caliente. Sobre todo evitarás los recuerdos tristes. Las noches de llanto y películas malas. Reirás de sus ficciones mínimas: soy un hombre bengala, te beso y exploto en luz y calor.

Aceptarás argumentos: no es el momento adecuado. Y sobre todo olvidarás esa pastilla que resolvió tu retraso. Dejarás de pensar en la niña que alargaría tus días. Olvidarás su nombre.

Nunca alcanzará el amor para engendrar hijos. No para él.

Recordarás los domingos enteros en la cama. Sólo reposando. Solos y en paz.

Olvidarás el hastío y las caricias vacuas. Recordarás el paraíso de su mano dibujando en vos.

Descartarás tus metas. No podrás alcanzarlas. Serás inteligente para él y con eso alcanzará. Tendrás ideas ocurrentes y divertidas. Tal vez serías buena en algo.

Recordarás su incondicional compañía en horas de dolor y desesperación. Recordarás que él te ama y tú lo amas, aunque ese amor los anule a los dos.

Dirá que la comida está buena. No lo intentes. Son muchos, una centena de insectos zumbando en tu cabeza. Le darás un beso.

Harán la cama juntos. El ruido del ventilador los adormecerá. Cuando sus brazos estrechen tu cintura, sólo por un instante recordarás todo aquello que pudo ser tuyo, ese otro hombre, esa otra vida. Tomarás otra pastilla. Serenamente pensarás: hay heridas que nunca terminan de sanar. Él despertará, te verá dormida a su lado. Sentirá el frío de tu cuerpo y por fin lo sabrá. Tú no despertarás. • Revista Cabeza

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