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Por Mariana Espinosa[1]

Palabras primeras

Salí de trabajar, me tomé un taxi porque la lluvia me agarró con todo. El tachero escuchaba la radio, oigo una misa, partes en latín, partes en italiano, un italiano acento vernáculo. No entendía nada hasta el ahora épico: “Buona serata, buon riposo”. El acento y primera casi equivocación dejaba ver los matices, idas y vueltas, como dos espejos enfrentados entre los problemas domésticos y los asuntos globales y de estados mayores.

I

Ese día (aún ahora) las redes sociales hicieron síntoma de ellas mismas y las páginas de los diarios más importantes del mundo se cayeron. Muy en general entre mis amigos de Facebook[2] se mostró por un lado, “sorpresa”, acompañada de desprecio de muchos católicos culturales. Esta sorpresa la entiendo desdoblada por dos cuestiones: el hecho de que el nuevo Papa sea argentino (buena sorpresa) y el hecho de que sea Bergoglio (mala sorpresa), amigo del status quo que no puede ser sino conservador. Por otro lado, se mostró un cierto temor o incertidumbre. Ejemplo extraído de facebook: “¿Ser Papa es un trabajo al que se puede renunciar por cansancio, y te puede reemplazar un argentino?

Para ordenar sociológicamente estos comentarios, podríamos decir que al primer gran grupo lo componen católicos culturales y no creyentes más cercanos al kirchnerismo y al segundo gran grupo, no creyentes y a la izquierda históricamente. Aquí por suerte no faltaron rápidamente los comentarios que ayudaron a ordenar tal frenesí histórico. Pablo Semán, escribió rápidamente en su muro: “la Página12 es una línea de análisis”. Alchuz Altman señaló: “de un ex nazi a uno que tuvo vínculos con la dictadura. A la iglesia se le pueden criticar mil cosas pero no su falta de coherencia”.  Otra colega amiga, escribió “A desempolvar libros cientistas de la religión!”

PERFIL-El nuevo Papa combina moderación, humildad y preocupación social

Entonces recordé al sociólogo francés: la iglesia católica como institución basada en el monopolio del capital religioso y la desposesión objetiva de tal capital religioso sobre los laicos, basada en la absolutización de lo relativo y de legitimación de lo arbitrario, de trasmutación del ethos de un grupo/clase en ética de muchos, acaso una institución así podría subir al podio a un candidato progre en caso de tenerlo y si lo hubiera tenido no hubiera terminaría con él,  como ya alguna vez “normalizó” sus bases revoltosas.

Está claro que el fenómeno es complejo. Para quienes les interesa el tema, recomiendo preguntarse a sí mismo qué es lo que les preocupa y empezar por un lugar, un punto de vista, después ir mudando para enriquecer la propia mirada. Eso pienso. Abajo algunos links de colegas que indicaron algunas posibles líneas de análisis.[3]

II

Entre tantos comentarios una maestra escribió “Nuevo Papa, definitivo fin de una Era” y luego nos sugirió la lectura de dos cuentos de Orlando Yorio, “El Espíritu” y “El Reloj”. También escribió que los leyó en ocasión del último cumpleaños había pasado junto a su madre en Brasilia. Inmediatamente me estremecí y fui a los cuentos. Como la mayoría debe saber, Yorio es uno de los religiosos de la orden jesuita entregados por Bergoglio en la última dictadura militar. Lo maestra comprende perfectamente la complejidad del fenómeno, yo podía haber pensado que su condición de argentina exiliada en otros mundos le devolvió en primer lugar el recuerdo del terror y del terror doméstico y de ahí su comentario. Pero eso no me bastaba.

Ingresé a la lectura de ambos cuentos con las palabras de nuestra maestra “los cuentos hablan de la materialidad de la vida después de la muerte”. Me remito ahora al cuento “El Espíritu”. Allí, Yorio intenta explicar la noción de Espíritu Santo: “Normalmente nosotros no tenemos la experiencia de la presencia sensible exterior de Jesús Resucitado. Más bien tenemos la experiencia interior; pero esa ya es la del Espíritu. ¿Qué hay de distinto? ¿Qué hay de nuevo?”. Para responder pasa a contar una experiencia personal. Su padre, quien le daba un gran sentimiento de seguridad, había puesto una planta de jazmín trepadora al lado de un parral. Pasó un año y el jazmín era pura hoja. Yorio le decía a su padre que lo saque: ocupaba lugar a la parra y no daba flores. Esto mismo le había repetido a su padre cada año y su padre le repetía que tenga paciencia, que había que cuidarlo, podarlo y echarle fertilizantes. Un día su padre murió, era Otoño. Escribe Yorio: “Y la muerte de él a mí me dejó terriblemente inseguro”.

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Luego cuenta otra experiencia. Matan a un pibe en la villa donde él trabajada, tenía que ir a auxiliarlo pero él mismo estaba amenazado de muerte: “En ese momento me sentí haciendo punta hacia la muerte. Como si me quedara en la punta de la vida y tuviera que hacer frente. Sentía como que mi cara, mi cuerpo iban abriendo la vida como la quilla de un barco que tiene que enfrentar la tormenta. Cuando mi papá murió, yo me sentí así. Y eso me mufó, me dio depresión y me duró: no me animaba a hacer punta en la vida”.

En primavera, el jazmín floreció, el padre de Yorio ya no estaba ahí para verlo, parece que la paciencia y cariño dedicados finalmente habían hecho fruto. Yorio se piensa como al jazmín y dice: “Conmigo tuvo mucha más paciencia, puso mucho más cuidado en podarme, en echarme fertilizantes. (…) Y me animé. Volví a tener seguridad, pero de una manera distinta. Antes la tenía pero como dependiendo de mi papá. Ahora era mía, así como en el jazmín las flores eran sus flores. Volví a sentir a mi papá cerca de mí. (…) Era la misma fuerza de mi papá, pero no dependía de él, sino que yo la tenía adentro, me pertenecía.” Con esto, el autor intenta explicar la idea del Espíritu Santo, el que moraría en el interior y emanaría desde allí. Al ver las flores del jazmín, Yorio recuperaba la seguridad, su papá estaba adentro de él. Hermoso cuento, pero no terminaba de entender el comentario “Fin de una era”. Había algo más allí.

III

Estaba preparando una clase, para mí era importante si bien ya había dado varias clases, sentía el peso/paso de lo inaugural. El jefe de cátedra propuso como primer texto “Papá Noel en la Pira” de Claude Lévi-Strauss, un bonito texto escrito para “Les Temps Modernes” del tío J. P. Sartre. Básicamente la cuestión de este texto es así: Papá Noel empezó a estar demasiado presente en la Francia de post guerra y un grupo de clérigos lo acusaban de paganizar las fiestas del natal de Jesucristo. Entonces en ritual religioso mandaron a la hoguera un muñeco del hombre gordo-rojo-américain. Luego de desandar las razones más sociológicas, el antropólogo francés saca toda su artillería y desarrolla un análisis etnológico y otro histórico para dar cuenta de la emergencia del mito en tiempo real.

Algunas pistas un poco engorrosas para comprender lo que quiero retener del texto de Lévi-Strauss: 1) a la vista, el ritual de navidad y el mito Papá Noel, aparece una estratificación inicial, niños (recibidores de regalos) y adultos (dadores de regalos). Continúo, 2) el antropólogo hace una analogía entre dos mitos/rituales, Papá Noel y las Katchina de los indios de suroeste de los Estados Unidos, personajes disfrazados que encarnan ancestros o dioses que regresan periódicamente a sus aldeas para premiar o castigar a los niños, quienes no reconocen bajo el disfraz a sus padres o familiares. 3) Volviendo a Papá Noel, se pregunta: de dónde viene la idea de que los niños tengan el derecho de exigir regalos; que se impone tan imperiosamente a los adultos, tanto que se ven en la obligación de elaborar una mitología y un rituales costosos? Entonces, papá Noel no es sólo una mistificación infligida por los adultos de puro gusto a los niños sino resultado de una transacción muy costosa estas dos generaciones. 4) Recordemos que los niños son los no-iniciados en las cosas de los iniciados, los adultos – esto se puede ver en innumerables ritos de paso pero sólo miremos nuestro propia sociedad-. Una cosa importante de los ritos de paso es la relativa ignorancia en que se mantiene a los no-iniciados. 5) Volviendo a las Katchina, por qué se le niega a los niños saber la naturaleza humana que hay detrás de los disfraces, porque les temen o respectan? Las Katchina son las almas de niños indígenas trágicamente ahogados en épocas ancestrales, son entonces la vez prueba de muerte y testimonio de la vida después de la muerte. Los indígenas hicieron pacto con ellas para que se quedaran en el más allá a cambio de la promesa de representarlas cada año con máscaras y danzas. Si los niños son excluidos del misterio de las Katchina no es para intimidarlos –aunque esto pueda ocurrir como función secundaria-, es realmente porque ellos mismos son Katchina.

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El análisis de antropólogo aquí, es el siguiente: muerte/vida; niños/adultos;/no-iniciados/iniciados. Los rituales y creencias ligados a Papá Noel se remitirían a una sociología iniciática que pondría en evidencia detrás de la oposición niños/adultos, una oposición más profunda entre muertos y vivos.

 

IV

Terminé de leer el texto, había algo ahí que me reenviaba al cuento de Orlando Yorio. Pensé que Papal Noel y las Katchina eran la mistificación de un compromiso con la realidad concreta. Pensé que los Jazmines habían sido eso también, la mistificación es decir la materialización de la vida después de la muerte, como había dicho nuestra maestra.

Para explicarlo en los términos que venimos usando: Yorio era un no-iniciado, su experiencia iniciática fueron los jazmines florecidos de su padre. Luego de eso, él ya no tiene más ese sentimiento de desamparo que habían tenido desde la muerte de su padre, supo que estaba dentro de él y emanaba de ahí su seguridad.[4] Pero, por qué Fin de una Era.   

Palabras finales

Me levante tarde para ir a dar clases, tomé un taxi para ir la facultad. Seguía pensando: por qué fin de una era? Quizás para todos era obvio, para para mí no lo era. Qué más quiso decir nuestra maestra al postear estos cuentos de Orlando Yorio? Tranquilamente podría haber escrito, como muchos lo hicieron, que “Bergoglio es quien entregó a dos jesuitas”. Pero no, ella nos dejó dos cuentos, con los que ella se estremeció, yo me estremecí y estoy estremecida ahora.

Pienso y siento haber encontrado la respuesta:

-Nuestros muertos y desaparecidos en dictadura sobre los que aún luchamos en los juicios y creemos que están vivos en nuestro espíritu de lucha, son muertos. Aquellos que kirchnerismo política y justamente revitalizó, están muertos porque son muertos, son los no-iniciados, son los niños.

-La coronación de Bergoglio a Papa, que por muchas razones es el terror (ver punto Uno), viene a informarnos simbólicamente que aquellos a los que manteníamos vivos en la lucha son muertos y que nosotros también lo somos. Los desaparecidos, Yorio, los no-iniciados, los niños, las mujeres, las putas, los homosexuales, los Otros: somos los muertos.

-Y nos guste o no, estamos siendo iniciados definitivamente al mundo de los adultos, perderemos nuestra categoría de muertos y pasaremos a otro mundo, que ya existía pero que ahora es más definitivo. Este nuevo mundo, es el de los adultos, es el mundo donde se baliza y balancea el terror y donde se transfigura la mentira. Creo que esta cita, extraída del face, es más clara que yo: “Maneja la ambigüedad con maestría. Si los mataban se los sacaba de encima, si se salvaban él los había salvado. Por eso hay gente que lo considera un santo y otros que le tienen terror.”” (Rodolfo Yorio hablando de Bergolgio.)

Creo que por esto nuestra maestra escribió en su muro “Definitivo fin de una era” y nos reenvió a los cuentos. Sólo expresé lo que entiendo/siento. • Revista Cabeza  


[1] Ex socióloga.

[2] Entre mis amigos de Facebook no tengo amigos que profesen deliberadamente algún pensamiento, práctica o símbolos que por falta de creatividad llamaré de “derecha”, mis amigos virtuales de una gran variedad no presentan rasgos de violencias a las formas de ser “otro”, aunque sí se percibe como en la gran mayoría síntomas de posiciones de clase, género, etnia (etc) donde las formas hegemónicas por tener el peso simbólico a su favor desplazan el pensamiento diferente.

[4] Muchos dicen que Yorio no pudo reponerse a las torturas de la dictadura y así le llego la muerte. Pienso que quizás, por más que pudo simbolizar la fuerza que le daba su padre, la experiencia del terror nos deja una marca fatalmente imborrable.

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