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por Kenneth Miller.

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No sé por qué tuve que llegar a edad adulta para reconocer -abiertamente-  que me gustan las historias -las películas- de amor. Éramos chicos y en nuestro grupo de amigos yo cumplía el rol de cinéfilo, lo cumplía bien: había visto TODO… y todo incluía la ridícula Manequin (http://www.imdb.com/title/tt0093493/) , la trascendental Relaciones Peligrosas (http://www.imdb.com/title/tt0094947) , la frescura de Cuando Harry conoció a Sally (http://www.imdb.com/title/tt0098635)  o la locura de Sid y Nancy (http://www.imdb.com/title/tt0091954) .

En otro sentido, soy pesimista, siempre pienso que se van a acabar, que se van a terminar las buenas películas románticas. La influencia de Hollywood en el rubro, por repetitiva, se volvió desalentadora: sabemos que al final uno de los protagonistas dará un discurso lacrimógeno (preferentemente ante una multitud, con altas probabilidades de aplauso o emoción conmovedora de los extras incluidos en la escena) luego ella/él no tomara el avión ni partirá al viaje que pensaba realizar huyendo de la desilusión romántica sufrida transcurridas tres cuartas partes del film.

Pero el amor siempre triunfa y el cine vuelve a sorprender. Ocurrió hace unos años con la profundísima Eterno resplandor de una mente sin recuerdos  (http://www.imdb.com/title/tt0338013).  La película calaba tan hondo que veíamos al personaje principal descubriendo sus primeros recuerdos sensuales; siendo niño, bajo una mesa, mirando las piernas de una tía o una amiga de la madre. Ahora, con ingreso directo al salón de clásicos, la recién estrenada Silver Linings Playbook –El lado luminoso de la vida- (http://www.imdb.com/title/tt1045658/) abre otra ventana.

Silver Linings…El lado luminoso…inicia con la historia de Pat, quien ha estado internado seis meses en un psiquiátrico buscando darle balance al desorden bipolar disparado por la desilusión amorosa sufrida con su esposa. Pat confía en su recuperación, también confía en recuperar el amor de su esposa, se reincorpora al seno de su vida familiar, para sorpresa y desconfianza del padre (Robert De Niro, que reaparece en su magnitud tras una década de desilusiones), pero con todas las ganas de la madre (Jackie Weaver, una genial actriz australiana que Hollywood descubrió en ese peliculón llamado Animal Kingdom). Pat se reinserta a la vida del barrio también, un amigo lo invita a comer y allí conoce a la cuñada Tiffany: son cuatro en la mesa y es clarísimo cuales son los dos dispuestos a poner sus mambos en el plato.

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Tiffany carga con una pérdida también, sólo que la de ella es definitiva: quedó viuda siendo muy joven a causa de un ridículo accidente automovilístico. Pat y Tiffany lidian con el dolor de modos diferentes (él a los gritos, ella a través del sexo) sin embargo hacen una tregua para encontrarse a la mitad de sus excesos: ella verá el modo de darle una mano a Pat para poder contactarse con su esposa, él será el compañero de baile de salón de Tiffany.

El director David O. Russell parece haber afinado el pincel para retratar relaciones familiares –aquí en Argentina dirían que es un director del barrio-. Aquí la familia, los amigos, la terapia, el barrio forman el colchón de humanidad sobre el que descansa la película. Es un colchón por momentos incómodo -Pat se brota y asistimos al caos familiar, Tiffany estallará en furia al ser incomprendida por Pat y lo pondrá en aprietos delante del vecindario y la policía- pero cómo una historia sobre un joven con trastorno bipolar y una demasiado joven viuda no podría generar incomodidad ¿qué clase de película sería esa?

Son los resquicios de belleza -esta película está llena de esas grietas- los que le dan su notable singularidad: los sinceros y sagaces diálogos de Pat y Tiffany: “estoy orgullosa de todas y cada una de las partes de mí misma, aún las más feas ¿puedes decir los mismo de vos, imbécil?”; el amigo medio loco de Pat que entra y sale del psiquiátrico,  el que está atrapado en un matrimonio sin diálogo, los hábitos cabuleros del padre, el vecino indiscreto, las intermediaciones de la madre de Pat…demasiada humanidad ¿no?

Demasiada humanidad y un tanto de caos. La cosa es encontrar el resquicio (the “Silver Line”) según lo conversa Pat con su psiquiatra: “Esa es tú oportunidad…tú chance…tú resquicio…tú Silver Line” le dice el psiquiatra (los aficionados a subtitular películas dan todas esas chances para traducir Silver Line). Luego el personaje de De Niro, en un emotivo consejo padre-hijo cerrará la idea de aprovechar las oportunidades, los resquicios.

El resquicio final es éste film. Ésta oportunidad de volver a reflexionar sobre el amor, sobre el modo en que dialogamos, sobre el modo en que nos queremos, sobre las maneras en las que nos necesitamos. Una renovada oportunidad para contar abiertamente el placer de disfrutar una historia de amor…de película. • Revista Cabeza.

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