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Por Pablo Giori.

Caminando por el centro vemos un afiche chiquito, es jueves y nos invita a un recital mañana, otro recital más se nos viene a la cabeza por esa ventana chiquita, quizás su magia está en que se repiten, se repiten todas las semanas, los viernes, los sábados, a veces los domingos. Una o dos veces por semana, nunca pensé en aquella época que eso pudiera no ser así, era así, se daba así, sucedía, era normal. El viernes en el colegio o en la universidad hablábamos de muchas cosas, materias, plata, amigos, discos, bromas, alcohol, comida, y entre otras del recital del sábado pasado, buenísima tal banda, lo viste a éste, ta loco, siempre suenan así, pasame el fanzine ese, espero que vaya hoy. Ahí se jugaba todo, porque ahí se jugaba todo, esa era la explicación, por eso invitábamos a gente que sabíamos que no le interesaba, pero queríamos que se prendieran.

A la noche salíamos de casa temprano, ropa común, a dónde vas, a un recital, volvé temprano, vuelvo, a veces sale el sol, a veces es de noche. Voy en bus, me miran como se mira a cualquiera, pago, me siento, espero y me bajo, lo busco al Gordo en su casa y nos quedamos escuchando discos, suenan cosas que conocemos y cantamos y cosas que no conocemos y escuchamos en silencio, a veces gritamos sobre la música y a veces jugamos y la música está de fondo. De aquí y de allá acompañan los mitos, alguna vez hay que ir a ver la 448 o tal banda, hay que conseguir los fanzines nuevos, hoy hablamos con Josesito y Nacho, suena Volstead o Sol Perpetuo, algunos tienen preferencias, a otros nos da lo mismo, son himnos de nuestra noche, de nuestra amistad. Vamos al Abasto, así lo decía el afiche que sólo nosotros vimos, pero podría haber sido en cualquier lugar de la ciudad, aquellas casas en Yerba Buena, Ratta Manhattan en zona sur o Casa Club o la Zona en el norte, o quizás en cualquier lado, lo importante es llegar, que toquen, estar ahí con amigos, todos son amigos aunque no lo sepan. Mientras hablamos decidimos salir caminando, no queda tan lejos, la zona es fea para mí, a Leandro no le importa nada, se va sin saludar, dice que ya saben a donde va, seguramente se lo imaginan, la magia está en que se repiten y eso es innegable.

Ta loco tal profesora, muchas tareas son esas, y cómo están las cosas en tu casa?, querés que mañana vamos a la plaza a andar en skate? no puedo tengo que ir al campo, sabés algo de Santiago? De la María? Que colgados que son, espero que Santiago vaya esta noche, es muy gracioso, no seguro que no. Te conté que… hoy estuve por el centro y lo vi a tal, iban a la radio a hablar del recital, parece que va a estar bueno, yo les dije a los chicos que vengan, pero siempre tienen algo mejor que hacer o se van a bailar, no les interesa, problema de ellos, el otro día me dijo…

Llegar es todo un logro, desconozco muchos lugares de la ciudad que estos recitales me ayudan a conocer y a hacer propios. Zona abandonada, Mercado de Abasto, si bien estamos a una cuadra de la avenida todo parece desértico, no hay nadie, nadie molesta, no se escucha nada, son las 12 de la noche del viernes, vemos el mercado en ruinas en frente nuestro, calle de piedra, muchos jóvenes están ahí esperando, esperándonos, esperando que empiece, esperando la bebida, a sus amigos y amigas, a sus parejas, a las bandas.

Adentro es como un galponcito, no hay ventanas, no hay luz en el baño, hay una bola de ruido en la prueba de sonido y también durante el recital, tomamos algo, hablamos de todo un poco, Leandro tiene muchos amigos y vamos hablando de algo, de cualquier cosa, saludamos, son gente común, de todos lados. Muchos de esos eran desconocidos hasta hace poco, se fueron haciendo amigos, paisaje conocido, durante estos años y comienzan a tener lugar, a éste lo conozco de tal lado, éste toca en esta banda, ésta es amiga de éste y siempre va a los ensayos, éste se hace el que no me saluda, éstos estaban de novios y ahora están separados, éste ya está tomando, seguro que se arma quilombo en algún momento, borracho y agresivo. Comienza la primera banda, es un ensayo perpetuo, bola de ruido, ya no hablamos pero sí tomamos algo, hacemos pogo y nos movemos como para ir calentando la cosa, somos muchos, ponele 30, 40, muchos amigos, el aire se llena de una amistad generalizada, quizás no los conocemos a todos, pero vivimos en la potencialidad del encuentro, siempre están ahí, esa es la magia.

Hablamos con Nacho y nos termina regalando como 5 fanzines, están buenísimos, leemos un poco ahí pero no hay luz, nos cuenta que en Buenos Aires se están organizando para poder tocar porque no hay lugares, que hay manifestaciones contra grupos políticos y económicos, no entendemos mucho, pero vamos de a poco, creemos que tiene razón y está muy convencido, le compramos unos discos muy baratos, prometemos ir el viernes a la feria. Durante la semana vamos a charlar sobre los fanzines de José y los discos de Nacho, los escucharemos miles de veces, los leeremos y trataremos de entender, discutiremos y sentaremos postura, parece una discusión que tiene muchos años y nosotros recién comenzamos a saber, estamos lejos de entenderlo. Todo eso hace que el recital sea increíble, tocan bandas y bandas y bandas, quizás cinco, quizás seis, se mezclan entre ellos, ya sabemos las canciones de memoria, nos acompañan siempre y no solamente ahora, también durante la semana, nuestros amigos tocan y después bajan para hacer pogo, a veces bajan mientras están tocando, saltamos y cantamos, el sonidista se enoja, nos movemos un poco, hay quilombo, vuela un vaso de cerveza, Fito pide que se calmen que hay equipos, todos siguen ahí, buena onda.

En algún momento irremediable y cuando comienza a salir el sol, todo aquello termina, cara de cadáveres, toca el día y el frío de la madrugada, nos vamos preguntando quien organiza para la semana que viene, Fito, Nacho, La Marta, etc. Nos vamos con la promesa mágica de que se va a repetir, eso sostiene el pacto y durante la semana hablamos de eso y creemos que es buenísimo, se repite siempre y durante la semana nos quedan cosas para compartir, discos y fanzines que acumulamos un tiempo y que después regalamos, alguien puede seguir ese mensaje, hay que pasarlo y discutirlo, sacarle fotocopias, esperar a que nos enteremos de un recital porque alguien nos cuenta o por algún afiche chiquito, la magia, que termina siendo un pacto implícito, está en que se repiten, viernes, sábado. • Revista CABEZA

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