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Por Esteban Brizuela (@brizuelaesteban)

Hace pocos meses, en un acto realizado en un aula de la UNSE, se presentó el libro “Medios, política y poder en Santiago del Estero” del licenciado en Comunicación Social Ernesto Picco. Había un interesante marco de público, más aun teniendo en cuenta que en los grandes diarios locales no se dio ninguna difusión a este acto.

Picco es un autor joven, hoy becario del CONICET pero con experiencia en el trabajo en diarios de circulación masiva. Fue por algunos años periodista de El Liberal.

En el comentario quizás más largo pero más ameno del libro, el abogado Gustavo Gauna, amigo personal del autor y uno de los presentadores, dijo que el trabajo de Picco venía a romper con la “pedagogía del silencio”, con esa costumbre tan santiagueña de callarse y bajar la cabeza. El libro venía a hablarnos, a interpelarnos, a contarnos cosas que nadie nos había contado, o quizás sí nos habían contado, pero bajito y en secreto, como para que nadie escuchara.

Picco se toma el trabaja de narrar con claridad, precisión y “sin enredos teóricos” la historia de los medios de comunicación (diarios, radio televisión y medios digitales) en la provincia desde mediados del siglo XIX hasta el presente. Ese tema ocupa más de tres cuartas partes del trabajo, y para el último queda una segunda y última parte denominada  “Una teoría política de la comunicación sub-nacional”, en donde el autor pretende comenzar a diseñar un aparato teórico que dé cuenta de las particularidades de la estructura de los medios de comunicación a nivel local y que no sea simplemente un “copiar y pegar” de teorías importadas y elaboradas en otros contextos.

Hablemos de la primera parte del libro, la más interesante, la que más le agradaría leer a cualquier ciudadano santiagueño.

Es habitual quejarse en charlas de café, redes sociales y sobremesas familiares de la concentración de los medios santiagueños en un par de grupos económicos (el Multimedios de Cantos y el grupo Ick), con la hegemonía de uno de ellos (el grupo Ick). Nos quejamos de nuestros diarios que “no publican nada”, que nos venden espejitos de colores, que solo cantan alabanzas a nuestros gobernantes. Mirar la portada del diario cada mañana y esperar una investigación de un funcionario local por mal desempeño de sus funciones se ha vuelto una utopía. Esas cosas pasan en otro lado.

Claro, como todo, llegamos así después de una larga historia, que es justamente la que Picco narra en el libro. Las cosas arrancan allá por 1859, cuando nace el primer diario local, El Guardia Nacional. Valga la anécdota: somos la última provincia en tener un diario. Para este época ya se conocían publicaciones de este tipo en los demás distritos que formaban parte de la Confederación urquicista. Y ni hablar de Buenos Aires. Digamos que nuestro “delay” viene de hace rato.

medios sgo

Allí estamos en el período de la “prensa militante”, ¡vaya expresión!, cuando los diarios eran fundados para apoyar a políticos de la época que encontraban en estas hojas (sí, en su mayoría los diarios tenían una sola página) un  soporte de apoyo para sus ideas. Seguramente el caso más paradigmático a escala nacional es el de La Nación, fundado en 1870 por el entonces ex presidente Bartolomé Mitre.

Desde 1859 y hasta la primera década del siglo XX van a aparecer en Santiago un sinnúmero de publicaciones, muchas de ellas de corta vida y algunos casos excepcionales de más larga duración como El Liberal (1898) y El Siglo (1901).

Esta etapa de periodismo militante tendrá un quiebre cuando a fines de la década del 20 ingrese en el juego de los medios una familia que a partir de entonces tendrá una enorme gravitación en la historia santiagueña: los Castiglione. Son los Castiglione que compran El Liberal y comienzan un período de transición hacia el periodismo empresarial, moderno, profesional, supuestamente “independiente”. Luego, en la década del 30, los Castiglione expanden su negocio a la radio. Y en los años 60 a la televisión.

La narración de Picco, por supuesto, tiene siempre como telón de fondo la inestable historia santiagueña, con incontables  intervenciones federales, tremendas divisiones entre la clase dirigente, magros recursos y dependencia del ejecutivo nacional. Y es justamente esa estrecha vinculación entre medios de comunicación, empresarios y políticos  la que hace muy rica la lectura del trabajo.

Las cosas se ponen aún más interesantes cuando transitamos la década del 70 y aparece Néstor Carlos Ick en el mapa de medios con la compra de Canal 7. El crecimiento del grupo, el rol de Gustavo Ick en el creciente emporio familiar, las relaciones con los Castiglione y los “democristianos”, el deseo finalmente concretado de comprar El Liberal, etc., todo eso se cuenta a medida que avanzamos en las páginas. Por su parte, en la década del 90 entra en escena José María Cantos con la fundación de Nuevo Diario. Allí tenemos ya la configuración inicial de la situación actual de la estructura de medios locales.

Como es una historia de los medios que llega hasta el presente, no podía faltar el nacimiento de los primeros sitios de internet de noticias: diarioinfo y diariopanorama; también encontramos referencias  a algunas páginas como arenapolítica.com o Código Rojo, que sirven como vías de escape para los lectores frente al discurso insoportablemente oficialista de los medios dominantes.

Al final de la primera parte, un imprescindible capítulo sobre el impacto que ya estamos observando  de la Ley de medios en Santiago del Estero, y de los posibles escenarios que se abren con la licitación de nuevas licencias para televisión y radios. Aquí es cuando Picco se detiene y trata de concientizar sobre la necesaria participación de la ciudadanía en el cumplimiento de la ley, que prevé mayores contenidos locales, para lo cual hace falta mucha capacitación en los nodos que se han formado en las provincias a través del programa Polos Audiovisuales Tecnológicos. “No hay gimnasia participativa”, es su diagnóstico. Ese es el problema que hay que atacar con fuerza y valor.

A modo de colofón podemos señalar que el libro de Picco no contiene un relato lineal de  su objeto de estudio sino que está estructurado en ejes temáticos eficazmente articulados en los que se muestra una de sus hipótesis centrales: es imposible pensar a los medios de comunicación divorciados de la esfera política. En ese cruce entre empresarios y periodistas es donde debemos hilar fino con nuestra mirada para entender la manera en que se fueron construyendo los actuales emporios mediáticos.

Decíamos recién que el autor recalca que para nuestro presente, con las oportunidades que se abren con la ley de medios,  hace falta que cada uno de nosotros como ciudadanos ponga una cuota de fuerza y valor para ayudar a torcer la situación que padecemos como lectores y espectadores.

La misma fuerza y el valor que tuvo Picco al escribir este libro.

(*) Lo que acaban de leer no es una crítica de un libro, quizás tampoco una reseña. Podríamos decir que son unas cuantas reflexiones que me despertó un libro que causó un gran entusiasmo en mí, y que muchas veces frenaba la lectura solo para largar un suspiro y decir: “qué laburo hizo este chango”. • Revista CABEZA

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Un pensamiento en “Un libro imprescindible (*)

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